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Esto tiene que ver con el hecho de que ahora tengo más tiempo para pensar en los detalles de mi vida que antes.

Yo llegué a la conclusión hace poco que la mayoría del tiempo de mi vida la había estado viviendo en modo sobrevivir.

Analizo que eso viene debido a la sociedad de la que vengo. Del país de donde vengo. Yo aprendí desde pequeño que hay que estar siempre en un constante movimiento porque si no el tigre te devora.

Es como estar en el agua ahogándote; constantemente aleteando los brazos y piernas para no ahogarte, y si dejas de hacerlo, simplemente te ahogas. Por eso, mientras más te esfuerzas, más tienes la sensación de tener la cabeza por encima del agua y no en un punto peligroso, digamos centímetros. Y por lo tanto estás a salvo.

O que te esté persiguiendo un tigre. Parece que hay una zona de confort cuando estás a una cierta distancia del tigre lo suficiente como para que no te alcance con la garra, pero que igual esa distancia (zona de confort) la mantienes solo si sigues corriendo, y Dios te cuide si bajas la velocidad. Porque de hacerlo, estás muerto.

Dependiendo de la sociedad en la que estemos, ese aspecto parece acentuarse en mayor o menor grado.

Para el hombre primitivo de hace 15 mil años o menos, quizás para el hombre de antes de la civilización, esta característica humana que tenemos en nuestros genes nos venía muy bien.

Era primordial desarrollar y practicar esa característica para mantenerte a salvo en un mundo con un alto grado de peligro.

¿Y quienes desarrollaron esta ventaja evolutiva?

Pues nuestros ancestros, porque los que no la desarrollaron ya saben ustedes que no habrán dejado mucha descendencia.

Por lo tanto tenemos esa característica evolutiva en nuestros genes.

Ahora bien. Aquí viene el meollo del asunto. Hoy en día no es común que enfrentemos esas experiencias. Pero me parece que existe en nuestra sociedad actual ciertas condiciones que nos hacen activar ese mecanismo. El modo sobrevivir. Y no solo por cuestiones o situaciones de corta duración de tiempo, sino que se queda activado por hasta una vida entera.

Creo estimar que una gran parte de la población gana en su empleo un salario un poquito más del total de gastos que tiene que cubrir. Es decir, la sociedad ajusta los sueldos de los empleados a un monto un poquito por encima de los gastos estimados. Es decir, lo suficiente como para que el tigre no pegue un brinco final y te alcance con la garra. Pero eso sí, mantén la carrera, no bajes la velocidad.

Y eso de no bajar la velocidad es un punto importante. La idea que se tiene sobre renunciar a un trabajo, en nuestra sociedad actual, se tiene entendido como un acto de alto peligro. Así no más, el renunciar a un empleo se entiende como algo peligroso.

Bueno, en estos días yo mismo me di cuenta de que mi vida se ha estado ejecutando en este modo.

Cuando te haces consciente de esto y lo interiorizas, las cosas cambian drásticamente. Ya no eres ese ancestro que se está ahogando. Ahora eres ese que con calma y atención está buscando donde construir algo, sea su casa de madera, un puente, una siembra. O abrir un camino, recorrer, lo que sea.

Cierto que estas cosas también tienen un fin para la sobrevivencia. Pero es que se diferencia de la otra porque no es una situación de peligro en la que tienes que mantener una distancia letal. Más bien esta otra es más placentera que estresante, refiriéndome en un modo general.

He cambiado mi modo de actuación. Ya no estoy en modo Sobrevivencia. Estoy ahora en modo Ejecución. En ese modo se observa el panorama, el horizonte, los recursos, con el tiempo necesario pero justo. Y sin el tigre brincando sobre ti. Luego en función de lo observado, se ejecuta. Veo, observo y ejecuto.

Es decir, un modo en el que pones tu talento a producir para el bien tuyo y el de los demás.