Siempre he alardeado de que nunca he sufrido de depresión, y es verdad. Siempre, aún en los peores momentos estoy motivado e inspirado en alguna de mis ideas locas.

Pero hace un par de días estaba saliendo efectivamente de un estado de depresión, bueno, al menos creo que eso es depresión. Exactamente fueron dos días de depresión.

Algo como el suicidio, cosa que nunca he entendido, de repente se me hacía clara.

Entre y salí, pero todavía está latente.

Hay muchas razones por las que se entra.

Mejor aún, son las sensaciones lo que te hacen entrar.

Una de ellas es la desesperanza, es como estar de rama en rama, y de repente despertar en la vida dándote cuanta de que no hay más ramas a dónde ir; y de la que estás agarrado parece desvanecerse.

Otra sensación que he tenido es la de haber logrado mucho en mucho tiempo pero luego todo se desvanece y sientes que en la vida ya no tienes tiempo para volver a obtener todo aquello que acabas de perder. Ya no te quedan ganas para volver a empezar. Porque quisieras recoger lo que has perdido pero no es así, no es algo que puedas recoger del piso. Tienes que volver a pagar el precio del tiempo.

Claro, en la mayoría de los casos, como en el mío, la mente humana se apresura a buscar solución.

Yo todavía no lo he solucionado. Pero parece que se trata de que estoy exigiéndome mucho a mi mismo.

¿Qué si puedo pedir ayuda? Por supuesto que sí. Pero ese es un elemento de mi depresión. Que no conozco a nadie que pueda ayudarme. Cualquiera de las personas que conozco lo que podría hacer, tratando de ayudarme, es deprimirme más. De hecho, nadie lee este blog.

Pero dado mi costumbre más antigua, salir de situaciones difíciles con brillantes e ingenio, espero que esta vez no sea una excepción.

 

 

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